Te entiendo

12.11.20 -

Lo que te voy a contar, lo saben pocas personas de mi alrededor.

He decidido abrirme y contártelo porque creo que es un factor de malestar en la mayoría de los procesos que acompaño. Y después de este tiempo, me he sentido con valor de compartir, para así aportar un pequeño grano de arena en este mundo de sentimientos tan contradictorios en el que vivimos.

He experimentado algo inimaginable para mí y es que en mitad de la pandemia hubo un posible diagnóstico de esclerosis múltiple.

No me he andado con rodeos y he dejado por escrito el nombre de la enfermedad porque quiero que entiendas que tenía una magnitud importante para yo estar, como mínimo, preocupada.

Las personas que lo supieron, entendieron a la perfección que me sintiera mal, triste, enfadada y nadie me sugirió que no pensara en ello o que mi reacción era desproporcionada.

Se descartó enseguida, pero a día de hoy sigo con más pruebas.

Te diré que una vez eliminado este diagnóstico (felizmente) no he sentido el alivio que esperaba. Estaba deseando abrir la mochila y empezar a sacar peso y poder avanzar y continuar con mi vida tal y como estaba.

 

Ha sido algo bien distinto y he sentido menos consuelo del que me hubiera gustado.

 

¿por qué? Porque simplemente yo quiero estar sana. Simple y lógico ¿verdad?

 

Pero mi lado más pragmático no me dejaba sentir ni un ápice de frustración. Porque la teoría me decía que:

 

“tengo que dar las gracias por no tener esclerosis múltiple”

 

Aunque no me sentí para nada agradecida.

 

Una vez digerido, con tiempo y proceso, he admitido que me siento a veces mal y que debo dejármelo sentir: aunque moleste y parezca egocéntrica.

Creo que la historia va de que nuestros problemas, a nuestra escala (sea la que sea), deben ser atendidos. Que no deberíamos reprimirlos, a pesar de que sean problemas del primer mundo. Y luego, una vez sentidos, empecemos a coger perspectiva.

 

Aunque esto, muy a mi pesar, necesita tiempo y gestión emocional.

 

Así que más que nunca empatizo con mis pacientes cuando van al médico, y las admiro aún más, porque a mi me da una mezcla de pavor, tristeza, y pereza increíble.

 

Te entiendo:

 

  • Entiendo cuando te reprimes porque sientes que si hablas del problema parece una queja. Te diré que para nada; es una de las mil maneras para poder digerir lo que te molesta.

 

  • Empatizo cuando compartes ese problema y te dicen “no estás dando las gracias por estar viva”. Esta es tu vivencia ahora mismo, así que permite que salga. Y luego, ya la colocaras en un orden de prioridades. Está muy bien estar viva, obviamente, pero buscar una vida cómoda es el objetivo de cualquier ser humano.

 

  • Rodéate de personas que empaticen contigo, que te permitan expresarte libremente. Ábrete con ellas y no esperes la solución, porque la mayoría de las veces, no está en manos de alguien solucionar algo. Son simples piezas de un puzzle mucho mayor.

 

Lo mejor que saco mi experiencia es que las personas que más quiero y admiro me hayan dejado llorar; no hayan intentado silenciarme ni darme consejos, simplemente un abrazo y un beso o un “te entiendo y no pasa nada por qué estés así”. Y por eso, hoy y ya, les doy las gracias.

Así que si estás ahí:

te entiendo y sólo espero que hagas lo posible por sentirte escuchada. También comparte cuando quieras. No te sientas en deuda de explicar algo que no quieras.

Si estás en el otro lado y alguien comparte algo que le preocupa:

Por favor: no intentes sacarle hierro al asunto con bromas, o intentes resolver un problema que no está en tus manos o dar consejos de cómo debe vivir la vida la otra persona; sé un buen par de orejas que escuchan y un buen hombro en el que llorar.

Espero haber aportado un poco de luz en este momento y me encantaría continuar cultivando la empatía, la liberación emocional y la lucha por la expresión de los sentimientos. Por eso hoy he abierto esta parte de mí tan personal e íntima.

 

 

Foto de: Joan Solanelles