Candidiasis: dieta

24.12.18 -

Padecer candidiasis durante mucho tiempo te lleva a un estado de total incomprensión. Intentas de todo, dieta, remedios, terapias, … y notas mejorías, pero aún persiste, la sientes.

No entender algo de un modo racional, te provoca a un estado de estrés ya que la mente no puede comprender o darle una explicación ni un porqué.

También hay que añadir el tema tabú social. No sé tú, pero en mi entorno, hablar de que tienes la regla, que padeces candidiasis, no es el primer tema de conversación que surge en una cena entre amigos. Eso hace que la preocupación sólo viva en ti, que no pueda tampoco ser expresada con la palabra, alimentando aún más la confusión y la sensación de impotencia.

Yo he aprendido mucho sobre la candidiasis, y, además, he ganado el coraje para estar escribiéndote hoy. Porque desde el cansancio de tener temas no hablados y las ganas de regularizarlos, me he sentido con fuerzas de dejar de esconder una parte de mí que antes me avergonzaba.

Desde la normalización, tu mente pueda llegar a comprender lo que te sucede y no te cause agitación mental buscando una solución o explicación a escondidas.

Espero que hoy encuentres algo de alivio en mi punto de vista sobre la candidiasis. Intentaré traer un poco de luz a esa sensación de agobio e impotencia.

Trato la candidiasis día a día en mi consulta y además la he padecido. Lo haré en varias entradas, para que te sea ameno y, sobre todo, para que veas los distintos puntos desde dónde abordarla. Ya que, como la mayoría de cosas, hay que tener tener en cuenta varios puntos de consciencia.

 

LA DIETA PARA LA CANDIDIASIS: 

 

La dieta para la cándida es parte del tratamiento. La candida es un hongo y se alimenta de azúcares (alimentos con índice glucémico alto) por lo que se recomienda siempre una dieta libre de azúcar.

En mi caso, hice la dieta teórica para la cándida y se me restringió incluso el azúcar que está presente en la fruta, boniato, patata o remolacha. Yo asocié estos alimentos al demonio, y si algún día comía una pizca de boniato, me sentía hinchada, con dolores intestinales y a las pocas horas notaba ya picores vaginales. Un drama.

Adelgacé como 5 kilos y me sentía débil. Tenía que tomar multitud de suplementos para compensar las carencias nutricionales de la dieta.  Aunque fueran naturales, tomarme 4 pastillas por la mañana y 5 por la noche me hacía sentir como si estuviera realmente enferma. Me decía a mí misma que algo muy grave me estaba pasando para tener que necesitar todos esos remedios.

En definitiva, estaba haciendo un gran sacrificio, los resultados parecían no llegar o por lo menos no ser permanentes y me sentía débil y enferma. Esa no podía ser la solución.

 

QUÉ APRENDRÍ SOBRE LA DIETA PARA LA CANDIDIASIS: 
  • Que la dieta era importante para mi salud digestiva, eso estaba claro.
  • Que cómo mi estómago y mis intestinos estaban débiles y, según la medicina china, debía de ingerir alimentos dulces de buena calidad. Me olvidé del índice glucémico. Era importante el azúcar que obtenía de frutas o de la remolacha, por ejemplo. Lo Necesitaba para obtener energía. Escogí minuciosamente qué alimentos “dulces” quería comer, cómo y cuándo. Observándome y analizando cuáles me sentaban bien y cuáles no.
  • Que era más importante centrarme en alimentos de fácil digestión que no me causaran inflamación o una energía enfriadora que solamente fijarme en el índice glucémico.

 

En definitiva, admití que la perfección teórica según lo establecido sobre la candidiasis no era una opción para mí. Me encorsetaba, no me permitía dejarme sentir, conectar con lo que necesitaba mi cuerpo y con lo que le hacía mal.

 

QUÉ HAGO RESPECTO A LA DIETA PARA LA CÁNDIDA: 
  • Evito la bollería.
  • Intento no comer nada con azúcar añadido y, en ocasiones especiales como un cumpleaños, me puedo permitir una excepción. Sólo si en el momento me apetece, lo como. Sin culpas y disfrutando.
  • Como arroz, boniato, calabaza o zanahorias, por ejemplo, a la hora de comer (mediodía), en lugar de cenar. Es la hora en la que he detectado que mi cuerpo puede absorber mejor los alimentos “dulces”.
  • Si como algo que no “toca”, como cuándo, por ejemplo, me voy de vacaciones, intento tener conversaciones conmigo misma (aunque suene raro). Me preparo a mí misma, me conecto con mi fortaleza interna y me digo que parte del fortalecimiento de mi digestión, es absorber nuevos nutrientes, que estoy ampliando ese espectro. Me lo digo e intento sentirlo a la vez. Cuando fui de viaje organizado este verano, estuve compartiendo comida con el resto de mis compañeros y con las pequeñas adaptaciones que hice, fue genial. Disfruté a lo grande y mis digestiones no padecieron para nada. Sorprendente.
  • Trato siempre de comer alimentos de temporada, lo más variado posible.

 

Admito que hay épocas que tengo mayor capacidad de escucharme. Otras, no tanto pero lo hago lo mejor que puedo. Sabiendo que todo estará bien, y que mi dieta no marca quién soy yo.

No soy lo que como. No soy mi alimentación, porque soy muchísimas cosas más.

Mi alimentación es una pieza más de mi puzzle. Y por eso mi intención es aprender a colocarla en el lugar que le corresponde.