Pérdidas

15.04.19 -

Por mi trabajo, comparto mi espacio y trato a mujeres que han pasado por uno o más de un aborto. Muchas de mis amigas han pasado por ello y lo veo casi a diariamente, no sabes cuánto. Yo sé que es algo que pasa con frecuencia y que el silencio suele ser el denominador común en la mayoría de los casos.

Nunca he tenido un aborto. Nunca he sentido que alguien que está dentro de mí, literalmente, su corazón deje de latir. 

Pero sé lo que es perder a alguien. Varias veces. 

 Para mí y para mi familia, perder a S. fue una brecha que nos atravesó y movió. Por eso:

 

Sé que algo se rompe y que nunca vuelve a estar como antes. Deja una cicatriz y son de las que no suelen desaparecer y se quedan con nosotras para siempre. 

 

 

El trabajo personal y emocional es adaptarte a lo que la perdida deja, a cómo se queda el cuerpo y el alma después de sentir que ha pasado una batalla en tu interior y que has perdido. 

El instinto de supervivencia se activa y delante de un aborto busca una posición que no duela demasiado para que podamos avanzar. A veces nos decimos un “mejor así”, “la naturaleza es sabia”. Estas afirmaciones son un intento de consuelo, son una armadura para no sentir dolor, rabia, frustración. Querer desaparecer del mapa. 

Porque la vida no se detiene por absolutamente nadie ni nada. Y aunque muchas veces buscas el botón de pause, sigue. Te reconozco que ese ritmo es el que nos ha salvado muchas veces: la rutina, el trabajo, el saber que tienes que estar presente para otras personas, te hace evitar muchas veces, estar completamente sola. 

 

También te confieso que pensar que todo sigue su curso, a pesar que ella no esté aquí, lo que realmente siento es injusticia. Deseos de decirle al mundo “Por favor, detente, necesito que le hagas ese honor”. Con el tiempo, me he dado cuenta que quién tiene que darle ese espacio y honor, soy yo. 

Seguramente debería tener una mente distinta, una visualización de tenerla siempre a mi lado. Y en eso estoy últimamente. Inevitablemente, sueño con ella, me la imagino a mi lado, como un ángel. Y, ¿sabes qué? Que me ayuda bastante a medias. 

Lo que realmente me consuela es hablar de ella, eso no es que me haga sentir menos tristeza, pero me agranda el corazón pensar que pasó por aquí y que nos marcó de tal manera, que a pesar de los años de haberse ido, sigue viva de un modo extraño y frustrante. 

Sé que las madres y padres de esas hijas que se han ido van a vivir siempre con una emisora de cierta nostalgia y con una herida sin curar. 

El hecho de que esas personas que se van, tuvieran un nombre, un físico, una personalidad y una alma, hace más fácil imaginarla.  Tienes una idea clara, fotografías, momentos concretos compartidos, un sostén en tu cabeza. Incluso puedes imaginarte los “hubiera sido”: como madre, como compañera de viaje, hermana o hija. O cómo hubiera envejecido. 

Cuando no existe ese material, cuando es un aborto de un embrión de semanas o meses, hay una cierta creencia que no puedes llegar a sentir ese dolor y sensación de pérdida con mucha intensidad. Como si se hubiera perdido ese derecho por lo insignificante y pequeño que era en cuanto a tamaño o tiempo. Significar no tiene ninguna relación con ser grande o pequeño o con el tiempo. 

 

Lo que es importante para mí, tiene un significado y grande. Tiene una definición que es única: la mía. 

 

No tiene el valor que le dé mi pareja, mi familia o la sociedad. Tiene el mío y eso ya es suficiente para que preste atención al bebé que se ha ido, a cómo se queda mi cuerpo después de.  

Por ello siempre, con mis pacientes que han tenido algún aborto me gusta ir poco a poco haciendo recomendaciones, que sepan en que punto se encuentran, que no se autoengañen. Siempre les recomiendo:
  • Que reconozcan a ese bebé. Ese reconocimiento puede ser individual, sin necesidad de compartir. Puede que quede en tu intimidad, en secreto si quieres. Darse cuenta que has sido madre y tenerlo presente. 
  • Compartirlo con otras mujeres que han pasado por abortos también. 
  • Entender que vas a sentir tristeza pero ella no va a estar contigo para siempre. Déjala sentir.
  • Leer sobre ello. 
  • Escribir y llevar un diario sobre lo que vas sintiendo. Ayuda muchísimo a darse cuenta en qué punto estás, en observar qué pensamientos o emociones se repiten.
  • Repetirte que no eres inválida. 
  • Atender al cuerpo: no olvidarse que han sucedido muchos cambios hormonales y físicos, además de emocionales. El cuerpo nos da un sostén físico, es nuestra carcasa, nuestro hogar. Él te va a cobijar, te va ayudar, se puede convertir en tu aliado si le ayudas. 

 

Si has pasado por uno o más de un aborto y quieres venir a visitarte en mi consulta de Barcelona, sólo tienes que pedirme más información aquí.

Foto de: pablo herrero